Opinión

Anuncio clasificado de Miami: "Se prefiere experiencia en terrorismo"

                                                                                                  Por:  Álvaro F. Fernández

"Si un hombre dice, 'Amo a Dios', pero odia a su hermano, es un embustero: porque quien no ama a su hermano, a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, a quien no ha visto?" --Juan 4:20

Los monstruos de Frankenstein han decidido radicarse donde comenzaron su vida de terror. En realidad, el hecho de que EEUU brinde refugio a terroristas en Miami no me sorprende. Aquí ayudaron a crearlos.

Recientemente leí que Luis Posada Carriles fue homenajeado en un club campestre de Miami cuyos miembros añoran la Cuba anterior a Fidel Castro. Este es el mismo Posada Carriles que fue autor intelectual del sabotaje a un avión de pasajeros de Cubana de Aviación en pleno vuelo, con 73 personas a bordo --la mayoría jóvenes del equipo olímpico cubano de esgrima. Cuando le convino, Posada Carriles también confesó haber tratado de asesinar en varias oportunidades al líder cubano Fidel Castro. En otras ocasiones admitió a reporteros que planeó numerosos ataques que dañaron instalaciones turísticas en La Habana y que costaron la vida al menos a una persona. El hecho es que en la década de 1970 él fue el Osama bin Laden del Hemisferio Occidental, aun antes de que EEUU pensara en entrenar al barbudo saudí. Es interesante que ambos tienen algo en común: en diferentes momentos y con diferentes propósitos, los dos fueron entrenados por el gobierno norteamericano.

Bin Laden debiera pensar en mudarse para Miami. Estoy seguro de que algún grupo de dementes encontraría alguna razón para honrarlo. Si tiene suerte y esa organización en particular se ha hecho lo suficientemente poderosa y ha contribuido con bastante dinero a las campañas políticas, Osama pudiera encontrarse un día en la tribuna durante una visita presidencial.

Eso es posible en Miami. ¡Sí! Un lugar donde los "buenos" terroristas son venerados por la gente cegada por el odio.

Hace un par de años, durante una visita a Miami, el Presidente George W. Bush tuvo el "honor" de compartir el escenario con el terrorista convicto Orlando Bosch --también implicado en el sabotaje del avión de Cubana. Entre otros muchos crímenes, Bosch fue arrestado en la Florida en 1968 por atacar un barco mercante polaco con un cañón sin retroceso de 57 mm, por la simple razón de llevar la bandera de un estado comunista. Bosch cumplió una condena por este y otros hechos terroristas. El ex gobernador de la Florida Jeb Bush (por esa época un hombre de negocios), la congresista Ileana Ros-Lehtinen (en aquel momento en la legislatura estatal) y el juez del Tribunal Supremo de la Florida Raoul Cantero (por entonces un abogado en ascenso y graduado de Harvard) lograron que el papi de Jeb, el primer Presidente Bush, le concediera una amnistía.

Hace cuatro años me encontré casualmente con Guillermo Novo. Estaba trabajando en la Corporación Allapattah de Desarrollo de Negocios, una empresa casi pública financiada por la ciudad de Miami y el condado de Miami-Dade. Novo es otro cubano-americano condenado por terrorista. Él estuvo implicado en 1976 en el asesinato del ex embajador chileno Orlando Letelier. En una oportunidad disparo una bazuca contra el edificio de Naciones Unidas cuando Che Guevara iba a dar un discurso.

Pero aquí estaba Guillermo, en 2004, sus manos temblorosas por la edad, y cobrando un cheque de una institución financiada por los contribuyentes de Miami. Era como si se hubiera colocado un anuncio clasificado en The Miami Herald solicitando a alguien con experiencia en terrorismo.

Una amiga me dijo recientemente que los cubanos exiliados de Miami son un grupo muy unido. Lo que los une, me dijo ella, es el odio.

Sus palabras me sorprendieron. Pero mientras más pensaba en ellos más de acuerdo estaba con mi amiga. Su odio es tan feroz y aplastante que la mayor parte de ellos han envejecido, y de muchas maneras se han vuelto inútiles realizando su guerra para derrocar al gobierno cubano desde las esquinas de Miami, mientras beben sus "cortaditos" con sus caras guayabera de hilo excesivamente almidonadas. No es de extrañar que los pocos con el valor equivocado para realmente hacer algo sean alabados por la valentía que no poseen los muchos que viven a través de ellos.

Lamentablemente, en definitiva los monstruos de Frankenstein que ahora viven sus años de ocaso en Miami son responsables de demasiadas muertes a nombre de la democracia americana. Y lo más preocupante es la percepción de que ellos han tenido todo el tiempo la bendición del Tío Sam.

alfernandez@the-beach.net

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